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Enérgica
homilía del cardenal Jorge Bergoglio

Bergoglio
alertó sobre el riesgo de disolución nacional.
En el Tedéum del 25 de Mayo, se refirió
a «la exclusión de veinte millones de hermanos»
En
una severa homilía, el arzobispo de Buenos Aires,
cardenal Jorge Mario Bergoglio, expresó que «hoy,
como nunca, cuando el peligro de disolución nacional
está a nuestras puertas, no podemos permitir
que nos arrastre la inercia, que nos esterilicen nuestras
impoten-cias o que nos amedrenten las amenazas».
En
el Tedéum del 25 de Mayo, que rezó en
la Catedral ante el presidente Eduardo Duhalde, los
miembros del gabinete nacional y otras autoridades,
Bergoglio pidió que «no sigamos revolcándonos
en el triste espectáculo de quienes ya no saben
cómo mentir y contradecirse para mantener sus
privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancia mal
habida».
«Este
pueblo podrá aceptar humillaciones -dijo Bergoglio-,
pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer
la exclusión de veinte millones de hermanos con
hambre y con la dignidad pisoteada.»
«Existe
peligro de disolución nacional» .Bergoglio
alertó sobre el internismo faccioso, los negocios
sospechosos y la ganancia mal habida; llamando a la
solidaridad . Dijo que «hoy, como nunca, cuando
el peligro de disolución nacional está
a nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre
la inercia, que nos esterilicen nuestras impotencias
o que nos amedrenten las amenazas». El prelado
cuestionó el internismo faccioso, la incapacidad
de sentir culpa, negocios sospechosos, rapacidad y ganancia
mal habida, lavados que eluden obligaciones, operativos
de desinformación que confunden, desestabilizan
y presionan hacia el caos, «mientras perdemos
nuestras oportunidades históricas y nos encerramos
en un callejón sin salida»...
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Bergoglio
alertó sobre la decadencia de la autoridad, el
vacío legal, la impunidad. Pero dijo que de poco
sirve «la tentación ilusoria de exigir
chivos expiatorios en aras del supuesto surgimiento
de una clase mejor, pura y mágica... Sería
subirse a otra ilusión».
Abrir los ojos a tiempo .El cardenal exhortó
a abrir los ojos a tiempo y advertir «que una
sorda guerra se está librando en las calles».
Frases salientes .
La
moral: «Ningún talento, ninguna riqueza
puede reemplazar una chatura moral».
Decepción: «Un triste pacto interior se
ha fraguado en el corazón de muchos de los destinados
a defender nuestros intereses, con consecuencias estremecedoras».
Engaño: «A medida que tal destrucción
crece se buscan argumentos para justificar y demandar
más sacrificios escudándose en la repetida
frase no queda otra salida , pretexto que sirve para
narcotizar sus conciencias».
Culpa: «Tal chatura espiritual y ética
no sobreviviría sin el refuerzo de aquellos que
padecen otra vieja enfermedad del corazón: la
incapacidad de sentir culpa».
Disfraces: «Los ambiciosos escaladores, que tras
sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico,
por lo demás tan fácilmente intercambiable,
disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente
humanidad». Revisión: «¿No
estamos ante la oportunidad histórica de revisar
antiguos y arraigados males, que nunca terminamos de
plantear y trabajar juntos?»
Límite: «¿Hace falta que más
sangre corra al río para que nuestro orgullo
herido y fracasado reconozca su derrota?»
Construcción: «Ningún proyecto de
grandes esperanzas puede hacerse real si no se construye
y se sostiene desde abajo: desde el abatimiento de los
propios intereses al trabajo paciente y cotidiano que
aniquila toda soberbia».
Diagnóstico: «Hoy, como nunca, cuando el
peligro de disolución nacional está a
nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre
la inercia, que nos esterilicen nuestras impotencias
o que nos amedrenten las amenazas».
Consumismo: «Hemos vivido mucho de ficciones,
creyendo estar en los primeros mundos, nos atrajo el
becerro de oro de la estabilidad consumista y viajera
de algunos a costa del empobrecimiento de millones».
.
Advertencia: «Abramos los ojos a tiempo: una sorda
guerra se está librando en las calles, la peor
de todas, la de los enemigos que conviven y no se ven
entre sí, pues sus intereses se entrecruzan manejados
por sórdidas organizaciones delincuenciales y
sólo Dios sabe qué más, aprovechando
el desamparo social, la decadencia de la autoridad,
el vacío legal y la impunidad».
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